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El riesgo de accidentes es mayor para ciertos grupos de conductores, entre los que se encuentra el tipo del joven irresponsable, excesivamente intrépido que busca la afirmación personal ante los demás a través de una temeraria forma de conducir. A esta situación psicológica, se añaden elementos de riesgo tales como la falta de experiencia, el alcohol o la falta de descanso adecuado.
El conductor joven tiene a su favor una mejor condición física, unos mejores reflejos y aptitudes para la conducción; pero esas condiciones favorables no le sirven de mucho si no es consciente de que tiene otras negativas, como la falta de experiencia o la predisposición a aceptar mayores niveles de riesgo.
Según estudios recientes, el 16% de los jóvenes realiza una conducción temeraria, provocada en última instancia por una necesidad psicológica de autoafirmarse.
Conviene tener siempre presente que el tráfico sigue siendo la primera causa de mortalidad entre los jóvenes. La décima parte de los conductores y conductoras tiene más de 60 años. Un conductor o conductora mayor no es peor que uno/una joven, sobre todo si ha adquirido experiencia. Pero el envejecimiento del cuerpo humano provoca deficiencias en las aptitudes necesarias para guiar un vehículo: disminución de la agudeza visual, menor resistencia al cansancio, entumecimiento en las articulaciones.
Con el paso del tiempo nuestro organismo va perdiendo facultades de manera paulatina. Todos debemos ser conscientes de este proceso si queremos conducir con seguridad. La menor flexibilidad de sus articulaciones hace que para los conductores y conductoras de más edad sean más difíciles algunas maniobras, como girar la cabeza para ver en las intersecciones o adelantamientos.
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